Ciertos nervios y mucha la ilusión por esta cita pendiente hace años, pero con los amigos de toda la vida no importa el tiempo y el verse, porque sabes que siempre están. En mi recuerdo desde mi uso de razón, hace ya 43 vendimias que mi abuelo Pascual me empezaba a hablar de tres Nombres del Vino, presumiendo de su amistad. Uno era D. Luis Hidalgo, otro D. Gabriel Yravedra, al que hace muy poco despedimos y vaya desde aquí un gran abrazo a su familia en especial a su hija María José. Me hubiera gustado hacerles a los dos un homenaje cómo este. El tercero era Benjamín Pérez Pascuas.
Titanes del Duero
Vigor y fuerza denota este adjetivo de esos gigantes de la mitología Griega. Bondad y humildad añado yo, de un padre y un hijo, genios de la viña y el vino…
Llegué puntual a su bodega. A la salida de Roa camino a Pedrosa, aparece Dominio de Calogía. En un maravilloso paraje divisando al fondo el Cerro o Cuesta AAAAAA.
“Calogía” pudiera venir de “Calología”, como “ ciencia que estudia la belleza” también del griego “kalos” o “kallos” (belleza) y “logos” (estudio, tratado).
Todo se ordena entonces. Me esperan estos dos amigos amigos estudiosos de la belleza de la viña y el vino, con la sorpresa de que el tercero en “discordia” no iba a ser yo, cómo título de estos encuentros, sino el gran Pitu Roca. Una grata sorpresa.
“Todo muy pensado, aquí no hay espacio para la improvisación” es lo primero que oigo de boca de José Manuel después de abrazos y presentaciones. Todo son detalles y pulcritud. Barricas francesas de las mejores seleccionadas para un gran vino, para respetarlo, no es casualidad el resultado. “Cuánto más practico, más suerte tengo” dice otro gran amigo mío y José Manuel lleva toda su vida “practicando” desde las primeras enseñanzas de su padre que desembocan ahora en plena madurez de su vida y de sus vinos en este Dominio. En esta Calogía; una
verdadero tratado de la belleza. En esto aparece Benjamín al que me fundo en un gran abrazo recordando que
fue el primero en llegar y al primero que ví cuándo mi padre Pascual se fue al Cielo. Todo pasa por algo … y también pasó que estuvieran allí Pitu y Berenguer, y Jorge el enólogo que trabaja con Jose Manuel, y que la cata de sus magnifícos vinos se elevase a algo mitológico … Benjamín a mi lado me pedía opinión diciéndome – “ Afina Herrera “ Me acuerdo de mi primer vino, un Pedrosa del 80, y con vinos tan finos, profundos y elegantes, todo estaba afinado, mucho más todavía con la sublime conversación y compañía. Oír hablar a Pitu es emocionante, el puso la “música” a los vinos, con la humildad y sencillez de otro Titán, pero su cercana y contagiosa sensibilidad lo hace más grande todavía cuando habla de la vida y de su familia preguntado por mí; de sus padres y hermanos, hijos y sobrinos, y eso si que va a ser inolvidable para mí y para José Manuel. Empatía pura. Ante posibles nuevos proyectos de Josep Roca, admirado por el nuevo comienzo de José Manuel siendo ambos de la misma quinta, el sabio Benjamín interrumpe con ánimos tarareando a la más grande “ ¿Qué no daría yo por empezar de nuevo? “.
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Los vinos crecían en las copas y se acababan. “Estos cuelan bien “ dijo Benjamín. Si los buenos vinos se hacen mejores por el momento y la compañía … nada más que decir. Ratito insuperable e inolvidable. Gloria Bendita que dice otro amigo…
Benjamín Pérez Pascuas
Tiene 92 años y está hecho un chaval. Saliendo de la bodega se “escapa” conmigo por una puerta para enseñarme las viñas. Es su pasión y se nota, cuando habla presumiendo de su “jardín” sin una mala hierba.
Él, que empezó arando con mulas y lo hizo nada menos que 25 años. Habla de cuándo se “ vendimiaba por el Pilar y algún año se acababa por los Santos llevando algunos cestos de uva con nieve “ allá “ en los años 56 o 57, cuándo sacàbamos cántaras de vino de dos o tres botas de su padre Mauro”
Presume de Padre que le enseñó el trabajo, presume de hijo diciendo que le ha dado ahora otra vez la vida pudiendo venir es su coche “ a dar una vuelta por las viñas y a tomar un buen vino en la bodega” cuando no ha quedado con amigos para merendar. Presume de 7 nietos Manuela y Mauro; y Laura, Paula, Irene, Miguel y Fernando.
Le gusta cantar, el cante y el flamenco. Habla con entudiasmo de la viticultura en Napa Valley y de la Universidad de Davis. Sonríe y me pregunta si he estado en las Vegas. Es el maestro de maestros de la poda. Es un Amigo. Es el más Grande.
José Manuel Pérez Ovejas
Tiene 58 tacos y tiene la misma ilusión o más que cuando empezó y toda su sabiduría volcada en este nuevo proyecto con unos resultados excelentes desde la primera vendimia en 2019. Reflexivo y metódico, cómo buen sabio.
Te explica su vino desde la cepa a la copa, con la sencillez de quien sabe la dificultad de hacer un gran vino pero él lo hace fácil. Pero no se conforma y cada añada busca la excelencia. Busca superarse.
Dice que a su padre le debe casi todo lo que sabe con cierta timidez. Recuerda agradecido enseñanzas a amigos que ya no están. Su Cuvée S es especial pero esa “S” por Silvia, su mujer de la que presume. Quizá llegue con los años un cuvée “M” por sus hijos Manuela y Mauro. También podía presumir de premios, pero presume de amigos. Es muy futbolero pero también le gustan los boleros y le sale la venta Flamenca de su padre con El Cigala. En el fondo un romántico. Siempre sonríe.
Hablé con entusiasmo de Burdeos pero su corazón, que es grande, le lleva a grandes vinos italianos. Hombre del Renacimiento. Tanto ha viajado por el mundo que por eso quiere cada día más su terruño.
Y así se resume lo que uno lleva en el corazón tantos años y le “copio” a Benjamín dos discursos para despedirme.
Uno corto y uno largo. El corto es “Gracias” Amigos. EL largo “Muchas Gracias” Amigos.
El mío propio es ensalzar la profundidad y hondura de unos vinos, la importancia del trabajo y el cuidado de la viña. La interpretación de una añada, el amor a una tierra, todo parecen palabras bonitas, pero es la pura verdad. La realidad que nos transporta por suerte a ese lugar mejor. A los Sueños … a la Belleza …